En la lección, la información que debes conocer está escrita en letra normal, y lo que se recomienda decir o leer en voz alta a los niños está en negrita. Todos los recursos para cada lección, incluyendo la Guía para el Maestro, la Página del estudiante, la Tarjeta de conexión familiar y otros materiales, pueden descargarse en un archivo ZIP haciendo clic en el siguiente enlace:
En algunas lecciones encontrarás "Artículos de recurso". Estos son textos escritos por expertos de todo el mundo que ayudan a los maestros en su labor con niños y adolescentes. Pueden compartirlos con padres o tutores si lo consideran apropiado.
Antes de la clase, llena un tazón o una fuente con agua. Si tienes un marcador, dibuja una cara sonriente en la madera. Si no tienes una madera, usa cartón, espuma o una botella de plástico con tapa. Coloca la madera o el objeto en el tazón o la fuente y coloca varias piedras encima para que quede en el fondo. Ubica el tazón en un lugar donde todos puedan verlo.
El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso.
Salmos 91:1
Preocuparse no cambia algo. Nos distrae y nos quita el sueño por la noche. Incluso puede causar enfermedades físicas. La preocupación no cumple ningún buen propósito. ¿Por qué, entonces, nos preocupamos? Nos preocupamos porque no reconocemos plenamente que Dios es poderoso y que Él nos ama. Nos preocupamos porque queremos controlar nuestra vida y nos damos cuenta de que no tenemos el control. Cuando creemos plenamente que Dios se hará cargo de nosotros, ya no hay nada de qué preocuparse.
Descansa esta semana a la sombra del Todopoderoso. Cuando sientas que quiere apoderarse de ti la preocupación, lee en voz alta las siguientes declaraciones y pide a Dios que te ayude a creer en cada una: Dios es bueno. Dios tiene el control. Dios es digno de confianza. Dios es fiel. Dios me ama. Dios se preocupa por mí.
Anima a los padres o tutores a que pregunten a los niños sobre los cuatro pasos, que aprendieron esta semana, para superar la preocupación. Si alguien en la familia está preocupado, pueden repasar los pasos juntos: 1. Reconoce que estás preocupado. 2. Di lo que te preocupa. 3. Piensa en algo positivo. 4. Entrega tu preocupación a Dios.
Consejo para el docente: Si es posible, envíe por correo electrónico o mensaje de texto la tarjeta de conexión familiar a las familias de sus estudiantes.
Da la bienvenida a los niños a la clase. Pide que se reúnan alrededor del tazón que tiene el objeto.
Escuchen la historia que les voy a contar de una niña que estaba agobiada por los problemas, así como este pedazo de madera está sumergido por el peso de las piedras. Su nombre es Marcela.
Vamos a ver si ella logra sacarse de encima todos esos problemas. Marcela tiene muchos problemas. Ella tiene muchas cosas por qué preocuparse. Su padre es alcohólico. Cada vez que le pagan, gasta la mayor parte de su sueldo en licor. Se emborracha y les grita a Marcela y a su madre sin razón alguna.
Por esto, la familia no tiene dinero para pagar las cuotas escolares. Marcela tendrá que dejar de estudiar si no pueden pagar sus cuotas esta semana. Marcela está preocupada porque se acercan los exámenes. Ella no quiere faltar a la escuela. Ese es uno de sus problemas.
Marcela podría haberse preocupado por este problema; pero en vez de eso ha orado sobre qué hacer. ¿Qué creen ustedes que pasó? Un benefactor de la escuela se ofreció a pagar por las cuotas escolares de diez de los mejores estudiantes en cada clase. Marcela fue una de las alumnas que recibió ayuda. ¡Su maestra le dijo que no tenía que preocuparse de pagar las cuotas por el resto del año! Ella podrá seguir asistiendo a la escuela. Marcela no dejó de agradecer a Dios todo el camino a casa. Así se quitó ese problema de encima.
Quita una piedra de encima de la madera.
Otro problema que le pesa es el enojo que siente con su padre. Le molesta mucho cómo las borracheras de su padre afectan a la familia, y no hay nada que ella puede hacer al respecto. Así que solo se llena de enojo. Esa es otra piedra que le pesa. Un día, leyó algunos versículos de la Biblia que le hicieron pensar.
Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero, si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas.
Mateo 6:14–15
Esas palabras le hicieron pensar a Marcela. Necesitaba perdonar a su padre. Era difícil pensar en perdonarlo; pero ella le pidió a Dios que le ayude, y Dios la ayudó. Entonces se dio cuenta de que su corazón se sintió mucho más liviano. En realidad, sintió lástima por él porque estaba atrapado en el alcoholismo. Sintió deseos de poder ayudarle. Entonces decidió que oraría por él todos los días.
Quita la siguiente piedra. Añade algunos otros pequeños problemas a esta historia. Escoge situaciones que son conocidas por los niños. Quita una piedra por cada problema que se resuelva.
¡Fantástico! ¡Miren lo que ha pasado! La madera ha subido a la superficie del agua. Así como la madera, Marcela se ha elevado por encima de sus problemas. Parecía casi imposible al principio. Ahora las cosas se ven mucho mejor, y Marcela está sonriendo.
Creo que sí. He tenido muchos problemas que parecían que nunca se iban a ir, pero se fueron. No todos nuestros problemas desaparecen, pero Dios nos ayudará en medio de las dificultades, tal como ayudó a Marcela. La situación de su familia no cambió, pero Dios la ayudó.
Cuenta un problema que has tenido y cómo Dios te ayudó a superarlo.
Haz una pausa para que los niños levanten la mano.
Preocuparse de algo significa que nos dejamos llevar por pensamientos negativos y que estamos demasiado ansiosos o preocupados por algo. Todos, a veces, nos preocupamos. Hoy vamos a aprender que Dios quiere ayudarnos cuando estamos preocupados, tal como ayudó a Marcela. Aprenderemos que al entregar nuestras preocupaciones a Dios podemos recuperarnos de nuestros problemas y ser fuertes.
Leamos de la Biblia lo que Jesús dijo acerca de la preocupación.
Si es posible, lee Mateo 6:25–27, 34 de tu Biblia.
Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas? ¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida? Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.
Mateo 6:25–27, 34
Dios se preocupa incluso por lo más pequeño de su creación, como las aves. ¡Él se preocupa mucho más por ti! No necesitas preocuparte porque Dios es bueno y puedes confiar en Él con tus problemas.
Cuando te preocupas, hay cuatro pasos que puedes tomar.
Lee Filipenses 4:6,7 en voz alta.
No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Filipenses 4:6–7
Muchas veces nos preocupamos porque no recordamos que Dios está en control y que Él nos ama. No recordamos que podamos confiarle nuestros problemas. Cuanto más confiamos cada detalle de nuestra vida a Dios, menos nos preocupamos. Más adelante en la lección practicaremos cómo entregar nuestras preocupaciones a Dios. Cuando somos parte de la familia de Dios, Él promete darnos paz en cualquier circunstancia de la vida.
Permite que los niños digan lo que recuerdan acerca de los cuatro pasos. Recuérdales los pasos, si es necesario: 1. Reconoce que estás preocupado. 2. Di lo que te preocupa. 3. Piensa en algo positivo. 4. Entrega tu preocupación a Dios.
Cada uno de nosotros tiene problemas y preocupaciones. Ahora vamos a soltar nuestras preocupaciones a Dios. Piensa en un gran problema que tienes, algo que realmente te preocupa. No tienes que decir lo que es.
Ahora seguiremos el consejo de 1 Pedro 5:7.
Si utilizas el Cartel del Versículo para Memorizar, muéstralo a los estudiantes.
Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.
1 Pedro 5:7
Lo haremos orando. Voy a decir una frase de la oración y haré una pausa. Durante la pausa, puedes hablar con Dios acerca de tus preocupaciones.
Señor Jesús, tú conoces mis problemas y todas las preocupaciones de mi corazón. (Haz una pausa.)
Hay algunas cosas que me preocupan, que me dan ganas de llorar. (Haz una pausa.)
Pero tú me amas y me puedes ayudar. Pongo mis problemas en tus manos y te pido que cambies mi corazón y mi vida. (Haz una pausa.)
Gracias por darme la alegría de saber que me amas. Te amo. En el nombre de Jesús, amén.
Recuerden los cuatro pasos que aprendimos sobre cómo soltar la preocupación.
Ahora practiquemos a depositar en Dios nuestras preocupaciones y problemas. Pónganse de pie y hagan las cosas que les voy a decir.
Tu problema o preocupación es una carga pesada. Imagina que llevas una preocupación que es muy pesada. ¿Cómo caminarías? ¿Cómo se vería tu cara? Muestra con acciones cómo te sentirías.
Da a los niños un minuto para que actúen cómo llevan una preocupación pesada.
Ahora vamos a lanzar estas preocupaciones a Dios. Muestren cómo arrojarían esa preocupación muy lejos. Levanta esa preocupación pesada y lánzala lejos de ti. Luego camina mostrando cómo te sientes ahora que no llevas esa carga pesada. ¿Qué sentirías? ¿Cómo se vería ahora tu cara?
Da a los niños un minuto para que actúen y muestren cómo arrojan sus preocupaciones.
Ahora gritemos: “Dios quiere ayudarme con mis preocupaciones. Él cuida de mí”.
Opcional: Da a cada niño un pedazo de papel y un lápiz. Los niños deben escribir o dibujar preocupaciones o problemas que tengan. Asegúrales que nadie, excepto Dios, verá el papel, así que con toda libertad pueden escribir cualquier problema o preocupación que tengan. Dales unos minutos para que hagan esto. Tú también puedes hacer este ejercicio. Luego, en vez de actuar y lanzar sus preocupaciones, deben romper su papel y botarlo.
Si usas las Páginas del Alumno, hay espacio allí para que los niños repasen los cuatro pasos para superar la preocupación y para que escriban una oración a Dios.
Finaliza la clase orando por los niños esta bendición, basada en Proverbios 3:5
Bendición: Confía en el Señor con todo tu corazón. No te apoyes en lo que puedes ver y entender. Entrega todos sus problemas y preocupaciones a Dios. ¡Que Él te llene con su paz!
Si tienes tiempo, comparte esta canción con los estudiantes.
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